¿Qué es el TAV?

El Tren de Alta Velocidad es un medio de transporte ideado para unir grandes ciudades en tiempos competitivos con el avión. La idea consiste en hacer un diseño de vía rectilíneo combinado con la reducción de paradas en las estaciones para que puedan circular trenes a velocidades superiores a los 250 km/h.

Su implantación exige la construcción de costosas infraestructuras diseñadas únicamente para él [1], que a su vez conllevan graves impactos sociales, medioambientales [2] y elevados costes de construcción.

En la Unión Europea, la construcción de lineas aptas para el TAV forma parte de un vasto plan de infraestructuras, las Redes Transeuropeas de Transporte, impulsado por las multinacionales de la Mesa Redonda de Industrias Europeas en una estrategia de ampliación de mercados y globalización económica [3].

En España la Alta Velocidad es la gran apuesta del Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT), destinándose casi el 50% de las inversiones del Plan.

El PEIT busca convertir el ferrrocarril en el elemento central del sistema de transporte de viajeros y mercancías a través de una ambiciosa Red de Altas Prestaciones que cubre todo el territorio con las características que fija la Directiva Europea sobre Interoperabilidad del Sistema Ferroviario Europeo de Alta Velocidad. Por “Altas prestaciones” se entiende alta velocidad, tráfico mixto, doble vía electrificada y ancho internacional.

En Cantabria el TAV supone el mayor plan de infraestructuras jamás proyectado, en el que se contempla la construcción de 208 kilómetros de línea de alta velocidad entre Palencia y Santander.

Presentado oficialmente como un “gran salto al progreso”, existen sin embargo buenas razones para cuestionarlo, tanto más cuanto que el TAV conlleva un elevado coste económico, ecológico y social y ha sido desarrollado en ausencia total de información y de participación popular en la toma de decisiones.


[2] Impactos medioambientales:

Los impactos medioambientales se pueden dividir en tres tipos. Los originados por la construcción del trazado, como al aumento de escombreras, destrucción de tierras de cultivo o impactos paisajísticos. Los derivados de obras y actuaciones “auxiliares” como la apertura de nuevas canteras y la ampliación de las existentes, creación de pistas de acceso, desvíos y contaminacion de aguas etc. Y los derivados del propio funcionamiento del TAV de los que destacamos el importante impacto sonoro y el elevado consumo de energía del TAV.

[3] Las redes transeuropeas tienen la finalidad de unir las regiones europeas y las redes nacionales, indispensables para la creación de un mercado único europeo a través de la libre circulación de mercancías, personas y servicios. Las RTE están presentes en tres sectores de actividad: Las RTE-Transporte (RTE-T), las RTE-Energía (RTE-E) y las RTE-Telecomunicaciones (e-TEN).

La RTE-T busca interconectar las principales infraestructuras de transporte (carretera, ferrocarril, avión y barco) del continente, poniendo especial énfasis en los proyectos ferroviarios de Alta Velocidad, contribuyendo de esta manera al fortalecimiento del mercado interior y al refuerzo de la cohesión económica.

La Comisión Europea, a raíz de las recomendaciones de 2003 del grupo «Van Miert» sobre las RTE-T, estableció una lista de 30 proyectos prioritarios que deberán iniciarse antes del año 2010, 4 de los cuales afectan a España:

3. eje ferroviario de gran velocidad del suroeste de Europa.
8. eje multimodal Portugal-España-resto de Europa.
16. eje ferroviario de transporte de mercancías a través de los Pirineos Sine/Algeciras-Madrid-París.
19. interoperabilidad de a red ferroviaria de alta velocidad en la Península Ibérica.